Maratón de musica

13 Noviembre, 2007 a las 2:53 am | En General | 1 comentario

 Introducción    

     Vicente Verdú en su libro “El estilo del mundo” señala que: “Lo peculiar de nuestro mundo no es su diversidad. La diversidad ha existido siempre. Lo característico de nuestro mundo es la tendencia a la homologación, a despecho de los movimientos nacionalistas, tribales y folkloristas”. A continuación se intentará demostrar esta situación en las características estructurales, estilísticas, tecnológicas y culturales de los grandes festivales de rock que surgieron en los últimos años en Argentina. Estos festivales internacionales de rock se llevan a cabo durante varios días, tienen una importante variedad de actividades paralelas y son sponsoreados por un grupo de compañías multinacionales (Quilmes, Brahma, Fernet Cinzano, etc.)[1]. Nosotros vamos a centrarnos en el caso del Pepsi music realizado durante el año 2007, que tuvo una extensión de diez días, donde participaron más de 200 grupos, al que acudieron algo más de 150.000 personas y con una estructrura basada en el entretenimiento que trasciende el ámbito del rock y la cultura local. El objetivo del trabajo es mostrar como los usos tecnológicos, científicos, estilísticos o de diseño, generan una nueva forma de participar de un festival de rock y cómo el consumo de la actividad artística se ve modificado, construyendo una nueva especie de consumidor, con una participación más activa y diversificada, dentro de un ambiente escenificado para el evento.  

 Un festival, infinitas posibilidades         

     Desde el famoso festival de Woodstock en el año 1969 los festivales de rock convocan a gran cantidad de público, trascendiendo las fronteras y siendo una parte importante de la cultura juvenil. En Argentina podemos remontarnos a dos festivales ocurridos en 1982: El festival de la solidaridad y B.A.Rock. Estos recitales, que también duraban varios días, eran protagonizados solo por grupos locales y eran convocados generalmente por algún tipo de reivindicación social o protesta[2]. El espectador limitaba su participación a la escucha de los grupos. No había otro tipo de actividad importante más que el consumo cultural de la música.     Pegando un salto de 25 años el Pepsi music se presenta como: “La maratón de música” o “Un festival, infinitas posibilidades”. Un recital, ya no convocado por una reivindicación social sino por una marca internacional de gaseosa, donde participan más de 200 bandas de distintos orígenes: Héroes del silencio y The Locos (España), Café Tacuba y Molotov (México), The Australian Pink Floyd (Australia), Marilyn Manson y Black Eyed Peas (Estados Unidos), The Wailers (Jamaica) y la gran mayoría de los artistas locales. Con una diversidad escatológica de estilos: en el gran combo del Pepsi music conviven grupos góticos como Marilyn Manson o Cabezones, metaleros nacionalistas como Almafuerte, anarquistas anti-globalización como The Locos, o bandas de estéticas pop marketineras como Miranda o Black Eyed Peas[3]. El Pepsi music es “el reino del multiculturalismo”[4], usando la expresión de Vicente Verdú, que continúa: “La posmodernidad ha abatido las fronteras y ha creado un espacio general, cada vez mas homogéneo en su mixtura”. Lo importante es la diversidad, aplacando todo tipo de diferencias estilísticas o ideológicas. O como indica Vicente Verdú: “Siempre, desde luego, que el resultado sea, al cabo, una desnaturalización de las diferencias y la globalidad del mundo que se ofrezca como una misma cultura propensa al desarrollo del negocio, la transparencia, el aroma indistinto y un mejor control”.

     Siguiendo con las “infinitas posibilidades” que nos ofrece el Pepsi music 2007 comprobamos que la utilización de tecnologías y diseños modernos permiten a los organizadores del evento ofrecer una gran posibilidad de actividades paralelas mas allá de lo musical. El festival cuenta con una amplia área de gastronomía, entretenimiento, tecnología, deportes extremos, juegos y relax. De esta manera, el combo incluye:

Zona de bares
La Trastienda Club
Comer y pasarla bien
Wok Inn
The Roxy

Área de entretenimientos
Caminata lunar
Bungee jumping
Simulador de surf
Orbitrón
Escalador
Kermesse con 4 juegos
Samba
Disquería (con ofertas de CD’s y DVD’s)
Carpa de merchandising del festival

Área tecnológica
Carpa Gamer Arena (las mejores experiencias en 3D, pantalla gigante, juegos electrónicos XBox 360, WII de Nintendo, Internet, Playstation II y juegos en red)

Área de relax
Carpa mística con tatuajes y masajes, discotecas y exhibición de skaters y bikers.
     
    

     En esta gran variedad de actividades observamos como se mezcla lo tecnológico, lo cultural y lo económico. No solo se va a disfrutar de la música, al mismo tiempo uno puede comprar la remera oficial del festival, los discos de los artistas que participan, comer y beber (solo agua o Pepsi), hacerse un tatuaje de su artista favorito, practicar surf virtualmente o escalar un muro. Por lo tanto el consumidor del festival no solo se encuentra en un evento cultural, también simula estar escalando el Aconcagua, haciendo surf en alguna playa del Caribe o directamente conectarse a internet y comunicarse con alguien de África o Tierra del Fuego. Se trascienden las fronteras. La diversidad se ofrece como multiculturalismo. Uno, como consumidor, puede elegir que hacer. Todo basado en el entretenimiento. “Las fronteras entre entretenimiento y casi cualquier cosa se confunden cada vez más”, nos dice Vicente Verdú. El autor es categórico: “El desiderátum del capitalismo de ficción es entretenernos, divertirnos. Gracias a estar entretenidos somos buenos clientes, ciudadanos tan felices e hiperactivos como niños”[6].      Ahora bien, toda esta diversidad de actividades y expresiones culturales, económicas y tecnológicas, se tienen que realizar en un contexto y ambiente escenificado o teatralizado para la ocasión. El arquitecto Rem Koolhaas habla de “ciudades genéricas” o “ciudades históricas” convertidas ahora en centros o parques temáticos, para referirse a la transformación urbana de la posmodernidad[7]. Vicente Verdú, a su vez, señala la importancia de los Nikestows, dónde no solo se trata de vender artículos deportivos sino de teatralizar, con juegos, sonidos y grandes pantallas, la excitante atmósfera del cosmos deportivo[8]. En el caso que nos compete el camino es inverso: no solo se trata de ofrecer la expresión artística, estética o teatral del rock, sino también vender los productos del merchandising del festival, los cd´s, la gaseosa que patrocina el festival, etc. Todo este entramado comercial está organizado en un contexto estructural propicio para la diversidad y el consumo, como lo muestra el grafico del festival.     

     De esta manera, el Club Ciudad de Buenos Aires es escenificado y construido en una ciudad temática para el festival, algo así como un lugar encantado. Donde lo cultural (el rock, el arte, la música, lo estético, lo folklórico, etc.) se mezcla con lo tecnológico (grandes pantallas transmiten en vivo lo que va aconteciendo ahí mismo, en el lugar de los hechos; el acceso a internet nos permite estar conectados con el afuera; etc.) lo recreativo (el espíritu aventurero juvenil nos lleva a intentar escalar un muro o a disfrutar de un samba) y lo económico (merchandising oficial del evento, desquería, etc.). Por lo tanto, todo el universo juvenil se conjuga en un ambiente fantástico y propicio, con una gran diversidad de actividades que aplacan las diferencias sociales o ideológicas, donde el consumidor es protagonista (su foto es subida a una pagina web de los organizadores del evento[9] al  igual que la fotos de los famosos se suben a la pagina de la revista Caras[10]) y productor a la vez (sacando fotos o filmando con celulares[11] que luego puede subir en su propio espacio o fotolog[12]). O como señala Vicente Verdú refiriéndose a la ciudad: “… se construye como espacio teatral y se auto contempla como un tinglado donde los visitantes son actores, protagonistas de un concurso televisivo o turistas-fotógrafos que se afanan por captar la visión de la visión, la foto que aparece en la postal, el acta ilustrada de su visita”[13]          

     Es importante señalar la diversidad y abundancia del entretenimiento es una ilusión marketinera, ya que el concurrente nunca llega a disfrutar de una ínfima parte de la oferta. Así, el espectador llega a ver, con suerte, a tres o cuatro bandas de las mas de cien que forman parte de la grilla. O bien porque los horarios se superponen o cuando no se superponen es muy difícil trasladarse de un escenario a otro con tanta gente, o bien porque es muy agotador estar más de cuatro o cinco horas parado. Con respecto a las actividades paralelas, la participación se complica si tenemos en cuenta por ej: que hay cinco o seis maquinas con conexión a internet, dos o tres tatuadores o dos o tres masajistas para las más de 10000 personas que concurren cada día. Si algún espíritu aventurero quiere escalar el muro se cansa más durante la media hora de espera para acceder al entretenimiento que durante la escalada. Lo mismo ocurre con las otras actividades: samba, bungee jumping, simulador de surf, etc. Y lo que esa aún más resaltable, uno debe hacer una cola infinita para acceder a los baños químicos o esperar media hora para comprar un cd. De esta manera la gran diversidad de entretenimiento es una ilusión, donde el consumidor activo no puede acceder a la mayoría de estas actividades, aunque si, por supuesto, uno tiene el derecho de elegir. Elegir entre ver a su banda preferida o perdérsela por hacer una cola de media hora para comprar una Pepsi.         

     Por todo lo desarrollado anteriormente creemos identificar una transformación importante en la forma de consumo de los espectadores de los festivales de rock. De los masivos festivales de los años 80 que se desarrollaban en algún parque o estadio de fútbol, dónde el espectador solo iba a escuchar (casi pasivamente) a los artistas y la grilla estaba solo conformada por grupos locales; pasamos a los megafestivales internacionales del 2000, dónde participan grupos de distintos orígenes y estilos, desarrollados en parques temáticos organizados especialmente para la ocasión y dónde el espectador es participante activo y productor (sacando fotos y filmando con celulares) y realizando actividades paralelas de consumo (compra de cds, alimentos, merchandising) y de entretenimiento (simulador de surf, samba, caminata lunar). Es este aspecto de aventura, de entretenimiento continuo, que Vicente Verdú señala como la infantilización  de la cultura[14]. Esta imagen del consumidor se construye gracias a la combinación de la tecnología, la cultura, lo económico y el folklore, dentro de un ambiente creado especialmente según los gustos y estilos juveniles de la época, orientados por el “estilo del mundo”, siguiendo el concepto de Verdú. De esta forma llegamos a la posmodernidad, dentro de un “capitalismo de ficción”[15], donde el entretenimiento gobierna las actividades culturales, y mediante la diversidad se esconden las diferencias ideológicas o estilísticas. Todo esto al servicio de los intereses económicos, del consumo. O como señala el autor que hace de base teórica de este trabajo en su libro “Yo y tu, objetos de lujo”: “La única cultura, la cultura respirable y funcional se confunde con la escena, el espectáculo, el entretenimiento de todos los días. La sociedad de consumo tiene como misión proveer de placeres sin tregua y como destino esencial la diversión hasta morir”[16].
 


[1] No es casual que estos festivales sean patrocinados por marcas de bebidas que los jóvenes consumen habitualmente. Cuando Verdú se refiere a estilos de vida o códigos civiles está marcando justamente esto. Una visión del mundo por parte de los jóvenes que las empresas aprovechan para generar la identificación.

[2] Por ej. El Festival de la solidaridad surge porque el gobierno había negado la difusión en las radios de música cantada en idioma extranjero.

 [3]En http://www.ambitoweb.com/diario/economia/av_empresarios/comunicados.asp?id=69se ve como Black Eyed Peas es auspiciado por Pepsi.

[4] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[5] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[6] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[7] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[8] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[9]  http://pepsi.com.ar/pepsimusic2006/fotolog/

[10] http://www.caras.com.ar/comun/nota.php?id=209#

[11]  En http://www.lnteve.com/video710-pepsi-music-2007 se puede ver como los espectadores sacan fotos o filman a sus artistas preferidos y la utilización de las pantallas gigantes.

[12] Un ejemplo es el espacio en Flickr de un concurrente al festival. http://flickr.com/photos/laureanoxxi/

[13] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[14] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[15] Vicente Verdú, “El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción”. Barcelona, Anagrama, 2003.

[16] Vicente Verdú, “Yo y tu, objetos de lujo”. Barcelona, Debate, 2005.

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